Hablemos de Whisky – Capítulo 3: El ser Whisky

¿Cuándo el whisky es WHISKY?

Muchos dirán que cuando se obtiene el destilado, otros cuando se embotella, otros luego de cumplir los años de añejamiento que determina la normativa de cada país.

Pues bien, técnicamente todo lo anterior es correcto.

Pero ¿qué es lo que le da sentido de SER WHISKY al whisky?

Pues nosotros.

Cuando bebemos el contenido de una botella de whisky es ahí cuando esta bebida adquiere su status de SER WHISKY.

Mientras el whisky está dentro de una botella solo es un líquido con color (natural o no), no podemos aseverar que sea alcohólico, que aromas y sabores nos puede transmitir o que emociones y sentimientos nos va a despertar como obra artística que debiera ser.

The Scotch Whisky Experience en Edimburgo, Escocia

Como expliqué en  el “Capítulo 1” el whisky se convierte en una obra de arte sólo cuando alguien lo vivencia, lo bebe.

Algo similar sucede con un libro que, cuando no es leído, sólo es un objeto guardado en una biblioteca y sólo adquiere su ser LIBRO cuando es leído, lo mismo con una pintura, una partitura, etc… si nadie mira una pintura, escucha la composición musical entonces son solo objetos inútiles.

Un libro, una pintura, cualquier obra artística adquiere su SER cuando alguien la vivencia, la siente, la disfruta.

Por eso a mi entender una botella de whisky en sí misma puede ser un muy lindo objeto decorativo, o una buena inversión a largo plazo, y ser una obra artística per se, pero no define al whisky como tal, ya que lo que estamos vivenciando es la botella no el contenido.

The Legacy Collection de Macallan y la cristalería Lalique

Al observar una botella en una vitrina, en un escaparate no podemos saber nada de la obra artística que contiene dentro.

Es como el libro en una biblioteca, el cual es un contenedor de hojas con palabras, y el verlo ahí no nos dice nada sobre lo que está escrito, para eso hay que leerlo y para saber sobre el whisky hay que beberlo.

La experiencia de beber whisky será siempre una sorpresa, un descubrimiento para los sentidos, y es lo que lo convierte en una obra artística efímera, dura lo que el sorbo en la boca, y es cambiante, porque un nuevo sorbo será diferente al anterior.

Nunca lo vamos a percibir del mismo modo, ya que los descriptores, de los que hablamos en el “Capítulo 2”, que detectemos se van a ver afectados por lo que comimos y bebimos antes, por nuestro estado de ánimo, por el lugar y momento en que bebamos. 

Es válido quedarse con la definición simple de que el whisky es una bebida alcohólica que al tomarla podemos decir “me gusta” o “no me gusta”, pero beber whisky es una experiencia mucho más enriquecedora, como cuando se vive una experiencia artística, porque nos conecta con nuestra historia, con nosotros mismos y nos lleva a preguntarnos: Esto que no logro detectar ¿a qué se debe? ¿es algo que nunca probé o es algo que está escondido en mi memoria?, o esto que logro identificar ¿a qué me remite que me produce tanto placer/tristeza/alegría/enojo?

El whisky es WHISKY cuando lo bebemos y a partir de su arte nos conectamos con nosotros mismos.

A Disfrutarlo.


Procesando…
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